Surrealista y alternativa inmersión en la realidad de Tokio, Japón.

sábado, octubre 21, 2006

Hired Guns II: La llamada


Ya son sólo imágenes distantes en un recuerdo borroso. Tendría 7 u 8 años, paseaba con mi padre por la avenida frente a playa. Era domingo, el cáustico sol de agosto, en medio de un cielo azul índigo, hacía refulgir el blanco de las paredes pintadas con cal de las casas de los pescadores, volviéndolo cegador, pero hermoso. Mientras caminábamos, entre bromas sin sentido, un paisaje difuso de establecimientos se acomodó a nuestro lado. Entre ellos buscábamos algo. De pronto al doblar una esquina, en un tramo que debiera ser recto, aparece un lugar que nunca estuvo allí. En el centro del mismo, como invitando al transeúnte a acercarse, estaba ella, vestigio y profecía de un futuro olvidado, que con muda voz me llamaba. Su llamada aún resuena en mi mente.

Ella era un Galaxian, una maquina recreativa de videojuegos, y la primera que veía. Con carcasa hecha a base de placas de aglomerado, era todo cutre que pudiera ser, pero a mi me pareció una maravilla. Qué genuina alegría me producía el ver moviéndose por la pantalla aquellos mezquinos pegotes, compitiendo en jauría con ramplones “cuadraotes” que hacían pipo-pipo, por alcanzar en vano velocidades de refresco de más de un frame por segundo. Recuerdo que le dije a mi padre que me comprara la maquina, a lo que él respondió reprobante: “pero niño, ¿tuh tah chalao?, ¿ande va-meté ese peaso máhkina que eh un ropero empotrao? Se frustraron así momentáneamente mis ilusiones, y quedó así el deseo dormido un tiempo. Pero se conoce que la cabra tira al monte, y que la mala hierba nunca muere. Como un susurro en el viento volví a sentir la llamada, que en realidad era una promesa, y así salieron a relucir de nuevo mis bajos instintos cibernéticos, de tal manera que conseguí, con malas artes, embaucar a mis padres para que me compraran un ZX Spectrum, juguete que en aquel tiempo era considerado ordenador.

El aparato en cuestión tenía sólo 48Kb de memoria RAM, era más lento que un desfile de cojos, y contaba con menos resolución que la Pantoja vestida de momia. Con él pasaba las horas muertas jugando con videojuegos que ahora nos parecerían del nivel de un reloj digital de los que regalaban con las madalenas.

Aunque sin dudar puedo decir, que nunca me he divertido tanto jugando con un ordenador como en aquella época, porque amigo, el mejor motor de rendering para un videojuego es la fantasía de un niño.

Trascurrieron meses, tal vez años, y medida que dejaba atrás mi niñez, sin darme cuenta, las ganas de jugar se fueron transformando en el impulso de crear, de dominar la maquina, de programarla.

Así empezó mi gran afinidad por las máquinas, “empatía cibernética” lo llamaba a veces. Qué dichoso me sentía con ellas, a las que gustoso regalaba mi tiempo en lugar de salir por ahí y estar con los amigos.

Más adelante descubrí, tal vez demasiado tarde, que en el fondo me gustaba más la gente.

Hired Guns I: prólogo a ráfagas del calibre 88

jueves, octubre 19, 2006

Paternidad


Está visto que entre el trabajo y mi reciente paternidad, está duro eso de postear con aceptable frecuencia. Y mira que es cierto que esto de la paternidad le cambia a uno la vida, de seguro que saldrán curiosas experiencias que contar por aquí, porque criar en Tokio a un niño hispano-japonés promete ser larga escuela. Como a fin de cuentas, se ven pocas trazas de que vuelva a residir en la madre patria, y estoy aquí más insertado que una lapa puerquifera, ruego al respetable que tenga condescendiente paciencia, que los post saldrán a su tiempo y la espera no será vana.

martes, septiembre 05, 2006

Cuando la salida es la entrada


Bastante larga ha sido la ausencia. Más de un mes sin postear. El último proyecto en el que participaba absorbió todo el tiempo, dejando sólo agotamiento. Pero por fin acabó, qué placer volver a postear, y qué terapéutico.

Muchas gracias por haber tenido tanta paciencia. Crisantemo Blues continua con su misión, se ponga delante lo que se ponga.

domingo, julio 30, 2006

Hired Guns I: prólogo a ráfagas del calibre 88


La semana que viene se cumplen dos años desde que empecé a trabajar en la empresa en la que estoy actualmente como desarrollador de software (en realidad programador pica-códigos o programador picachu).

Para celebrarlo, creo que es buen momento para hacer por fin lo que venía pensando desde hace ya mucho tiempo, y que posiblemente fue uno de los motivos principales por los que empecé a escribir Crisantemo Blues.

Este el primero de una serie de posts dedicados a contar mis vivencias y supervivencias, en el campo de las Tecnologías de la Información (IT) de Japón, como único empleado extranjero en una empresa japonesa de creación de software y jinzai haken (人材派遣, significa literalmente “envío de recursos humanos”, y se trata en realidad de una especie de subcontrata).

Este tipo de empresas, que han proliferado extraordinariamente en Japón, cuentan en su mayoría con departamentos de desarrollo de software propios, pero obtienen sus mayores ganancias del servicio de “préstamo de empleados” a otras empresas para proyectos puntuales. Esto me ha permitido trabajar en entornos diversos a los que jamás hubiera podido acceder directamente, ver cosas interesantes, cosas que pienso deberían ser contadas. Pero no todo fue fácil, cuanto más sabes y más dentro estás, más duros son los reveses, y la deuda por el aprendizaje se saldó con dolor y cordura.

Aunque tampoco es mentira que la vida del triste programador picachu es dura dondequiera que vaya, tanto que al no poderse expresar con las existentes palabras, se hubieron de inventar, para mejor expresión de esta tragedia humana, los tiempos verbales del informático, de los que haré uso intensivo y que son:

- El pasado de rosca, el presente precario y el futuro incierto.

Si además a esto le añadimos una tanda de gilipolleces y verticalidades feudalísticas niponas, la nutritiva sorpresa del cóctel ya se puede imaginar.

Hired Guns trata sobre cómo empecé y cómo me fui abriendo camino en esta jodienda. Sobre el choque brutal entre dos maneras totalmente diferentes de concebir el trabajo y la vida. Sobre la estructura de este mundillo comparándolo con el de España. Sobre lo positivo y las oportunidades que ofrece. Y como no, sobre los trapos sucios, porque digan lo que digan, aparte de justificaciones varias: están de mierda hasta el cuello.

En cierta manera, voy a tirar de la manta, aunque lo haré honestamente, nombrando el crimen pero no al criminal: desde ahora no aparecerán nombres de personas ni de empresas reales.

Otra cosa, el fin último de estos posts no es hacer, ni mucho menos, que los que quieran trabajar en Japón en este campo (y en una empresa japonesa) se echen atrás. Es simplemente una sanadora y muy subjetiva descarga de algo nada bueno que se venía acumulando. El que avisa no es traidor.

martes, julio 18, 2006

Acetate



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Por eso digo yo que hay que andarse despabilado, porque si no, uno termina comiéndose al final un bocadillo de acetate.

Los dibujos de este post son originales de Don Guri (ドン・ぐり), viejo amigo y colaborador, cuyo blog - Alla en el chorizonte - tengo el gusto de presentar.

lunes, julio 10, 2006

El bar de hielo


“¡Mente fría, Juan, mente fría!”, me decía un amigo con los ojos desencajados y un hilillo de sudor bajándole por la frente.

Todavía no sé a que querría referirse, tal vez me viera cara de pringao, pero se me antoja más sencillo pensar que posiblemente se tomara un pastillote del conejito de Nova, que nada más tragarlo echas espumarajos a todas horas.

Para esto de la mente fría, probablemente lo oportuno sería pillarse un cervezoide (o mejor un vodka) en el bar de hielo. El Absolut Icebar Tokyo, situado en la zona tokyota de nishi-azabu, es el primero de sus características que se monta fuera de Europa (los hay en Estocolmo, Londres y Milán). La temperatura en su interior es de cinco grados bajo cero, y los bloques de hielo (especial, se supone) que conforman el mobiliario son traídos desde Suecia.

Aunque la entrada no es gratuita, nos las ingeniamos para colarnos y sacar unas “afotos”.












Estos curiosos diseños de las paredes me dejaron frío.


No, esta imagen no es de la congregación de los magos porretas. Para mejor lidiar con el frío, a la entrada recibes estas chulas capas para el calentamiento del personal.

Me pregunto yo la cantidad de electricidad que se consume diariamente. Habrán de tener en la parte de atrás de local un poderoso reactor nuclear de la Sevillana, de uso exclusivo, largando infinitos gigawatios de potencia para mantener el tinglao fresquito. La factura ha de ser un espanto.

De todas formas, pienso que es un bar al que por lo menos hay que ir una vez. Estoy hasta por sugerirlo para una de las próximas quedadas de bloggers en Tokyo. ¿Quién se apunta?.

domingo, julio 09, 2006

Madera de amigo


Hace unos días vi partir un amigo hacía España, y me sentí triste. Sabiendo como sabía que hubiera preferido quedarse, partió de la forma más dura que se puede partir: contra su voluntad. En el tren de vuelta a casa, los rostros mudos de la gente me hicieron recordar lo importantes que son los amigos.

Este post es un tributo a la amistad, a ti amigo que te fuiste pero volverás, al amigo presente, pasado y futuro, a mis amigos.

Hoy como siempre, nuevamente ofrezco mi amistad. Si me buscas, en ella me encontrarás. Bastón donde apoyarte en el largo caminar, cetro de batalla ante la adversidad, remo para avanzar en las aguas contracorriente. Más si lo miras de cerca verás, que no es más que un simple y espartano palo, tomado de un árbol que con los años viste crecer, y cuyos frutos son las amistad que hoy ofrezco libremente y sin nada a cambio. Un árbol de madera de amigo.

A ti que te fuiste pero volverás, te digo lo que dije cuando te vi marchar: mucha suerte y vuelve, te estoy esperando.